Qué extraña se me antoja esta bendita noche,
qué lejana parece estar la luna,
qué insultante resulta tu recuerdo
qué pequeña se queda esta poesía.
Ínfimas las palabras no caben en el pecho
y por si fuera poco,
el vendaval las borra
y vienen otras -cargadas
de nostalgias-.
Pálidas las palabras
prácticamente muertas
de hambre, de pena,
y de melancolía.