No contaba yo con los adelantos de la técnica… pero hace un rato, sin querer, descubrí cómo colocar imágenes en movimiento en esta pequeña moleskine… La verdad es que no lo echaba en falta, pero he de reconocer que hay fotogramas, escenas y cintas completas de la historia del cine -y de la música- que merece la pena ver cien veces. Benditas sean.
Para empezar, así a bocajarro, me ha venido a la cabeza la increible señora MacLaine derritiendo a Jack Lemmon en el inolvidable apartamento. El “Cheek to cheek” de Astaire que sigue teniendo la capacidad de transportarnos a un feliz mundo irreal. El tambor de Gene Krupa en “Sing, sing, sing” que hace levantar los pies del suelo. Y los “doce hombres sin piedad” que cuajaron uno de los mejores alardes de honrada persuasión de la historia -o casi-.
“Cheek to cheek” impresionante, inolvidable; la secuencia de la película soberbia, y como canción toca lo profundo y misterioso de nuestras vida: una delicia.
Por cierto, para momentos “cheek to cheek” ver el cine del director más grande de la historia, más grande aún a medida que pasa el tiempo: John Ford; con el himno “Up the river” estremeciendo en varias películas suyas.
Misteriosas, insondables, de una sencillez sobrecogedoramente profunda, son numerosas secuencias y películas enteras de aquel “pequeño gran hombre” que nos regaló tanta verdad ( me refiero a sentimientos) vestida de cowboys y otros disfraces menores. Nunca nadie dio tanto por tan poco: John Wayne mirando su reloj de recién jubilado o hablando a la tumba de su esposa en “La legión invencible”; la humanidad (disfrazada de ejército norteamericano) bailando al unísono con orgullo en “Ford Apache”; Henry Fonda bailando como puede pero con dignidad en “Pasión de los fuertes”; malos buenísimos advirtiéndonos de lo falsas que son las apariencias (John Wayne y el personaje de Dallas en “La diligencia”, Anne Bancroft en “Siete mujeres” acostándose con el jefe mongol para salvar al grupo); Victor McLaglen refunfuñando en un puñado de films; encantadoras esposas y madres de verdad regañando a sus maridos; la relación entre cuñados sugerida en “Centauros del desierto”, con el plano final de Wayne alejándose con la puerta de la casa como marco; toda “El hombre tranquilo” y toda “Escrito bajo el sol”, obra ésta en teoría menor pero igualmente de una sencillez sobrecogedora (la tragedia de un piloto que se queda paralítico y se convierte en guionista de cine). Puro cine, pura vida.
¡Y encima hizo más de 100 películas!
John Ford es uno de los más grandes poetas y “filósofos”(he dudado en lo de las comillas) del siglo XX.