“Por eso, querido señor, ame su soledad, soporte el dolor que le ocasiona; y que el son de su queja sea bello. Pues los que están cerca de usted están lejos, dice; y esto demuestra que se forma un ámbito en torno de usted. Y si su cercanía es lejana, entonces su ámbito ya linda con las estrellas y es casi infinito; regocíjese de su adelanto, en el cual, claro es, no puede llevar consigo a nadie, y sea bueno con los que se rezagan, y esté seguro usted y tranquilo ante ellos, y no los atormente con sus dudas y no los intimide con su confianza o su gozo que no podrían comprender. Procure cierto modo de comunión sencilla y leal con ellos, comunión que no debe cambiar necesariamente aun cuando usted mismo experimente sucesivas transformaciones; ame en ellos la vida bajo una forma extraña y sea indulgente con los hombres que envejecen, pues temen la soledad en que usted confía. (…)
Pero su soledad, aun en medio de muy inusitadas condiciones, le será sostén y hogar; y desde ella encontrará usted todos sus caminos”.
Estas palabras corresponden a la obra en prosa del poeta Rainer Maria Rilke (1875-1926), Cartas a un joven poeta, un espistolario a un interlocutor desconocido que parece ser el mismo Rilke de joven.
Descubro recientemente (¡qué curioso!) que Rilke fue amante de Lou Andreas-Salome, una mujer que también mantuvo intensas relaciones personales con otros dos grandes de la época: Nietzsche y Freud.
Volcado en un cierto momento en la vida intelectual y bohemia de París, Rilke se siente fascinado por Cézanne y, por supuesto, por un Auguste Rodin de quien sería secretario entre 1905 y 1908, aunque se dice que la personalidad del escultor acabó avasallando al poeta.
Retales de su biografía aparte, diría que el párrafo que selecciono arriba no tiene desperdicio…: Redondo y perfecto en forma y contenido. El lenguaje y la cadencia son casi bíblicos. Rilke explica las delicias y las virtudes de la soledad fecunda y de la vida interior. Parece querer decirse a sí mismo, al joven que fue y a todos los demás, que no le tenga miedo a la soledad, que no tema al no encontrar interlocutores (“en su adelanto no puede llevar consigo a nadie”) o al encontrarlos rezagados. Esa distancia es un síntoma de que su viaje es valioso. Rilke sostiene que el camino de la excelencia y del deleite se realiza en solitario. Los interlocutores cercanos están, en realidad, lejos. E incluso no debe intentar acercarlos para no atormentarlos… Y sin embargo, tras esta consideración, calma la posible altivez, desconsideración o misantropía de sus palabras volviéndose al mundo y recomendando”una comunión sencilla y leal” con los semejantes, evitándoles sus cuitas e inquietudes que no a todo el mundo han de beneficiar necesariamente… Sin duda polémica reflexión. Certera. Interesante.
La vida al final, es una convivencia con la soledad, pero; sobre todo como dice Tagore con el “Bien Amado”, de allí los consejos de Rilke, prolifico y asceta por excelencia. Gracias por compartir este trozo sabroso de su pluma. Congratulaciones por el blog.
Pues acaba de salir un libro precioso, en la editorial Artemisa. El texto es de Rilke y los dibujos de Balthus.