No se puede decir cualquier cosa, ni escribir lo que me de la gana, porque se corre el riesgo de no decir nada. No nos podemos saltar la gramática, a menos que creemos otra verosímil si es que la que tenemos se nos queda pequeña. Porque los límites de la liturgia de la lengua son necesarios para entendernos. Si destruimos los límites no somos menos libres, seremos libres…para no decir nada, o sea, para no ser nada.
Si quiero ser poeta es porque quiero jugar a un juego. Hay las normas de la libertad, es el juego más libre que existe. Tiene un código infinito, pero existe: el código de las palabras y de la vida.
PERTINENCIA
Cuando busco una palabra, la que quiero, y no otra, soy libre porque la encuentro y porque existe. Soy libre porque tengo que buscarla y porque está y la tengo. Y entonces resucito escribiéndola, diciéndola. Y más libre aún si allí estás tú escuchando, viviendo.
Yo sé que estas palabras que escribo no son palabrería fácil. No son juegos de retórica o de viento. No estoy parloteando. Son razones muy fuertes, son las únicas


Qué bello nombre el de este post!.
Leíste algo de Ivonne Bordelois?.
“Los ingleses hablan en sentencias (sentences), es decir, que se sienten jueces dirigiéndose a acusados; nosotros, en oraciones, dirigiéndonos como creyentes, a través de nuestros interlocutores, a Dios; más prácticos y racionales, los holandeses hablan en significados (zinnen); y los franceses, típicamente, incurren en frases (phrases), ya que la frase es la unidad rítmica fundamental. Metafóricamente, el inglés considera el acto de hablar como un juicio, el holandés como una afirmación de sentido, el francés como una danza y el español como una ocasión de rezar, de hablar -con Dios primero. (¿No dice Antonio Machado: “Quien habla solo espera hablar con Dios un día”?).
Es verdad que originalmente oratio en latín significaba todo discurso -incluyendo el religioso, entre otros. Una diatriba de Cicerón era también una oratio, palabra que se relaciona con boca,ya que proviene de os-oris (de donde surgen también oralidad, oráculo, etc.) En el habla se esconde algo sagrado: rezar y recitar descienden de la misma raíz. Asimismo, la palabra sermónderiva de sermo (y su raíz está también presente en el inglés ser-ment, juramento): en latín, significa simplemente palabra. Es decir que, para ciertas culturas, toda palabra puede ser considerada amonestación o juramento de verdad.”
No sé si venga del todo a cuento, pero me la recordaste.
Hay libros suyos para descargar. “La palabra amenazada” -que es de donde proviene el fragmento que te copié- es fabuloso sobre este tema (leo de reojo la presentación del blog: “Al fin y al cabo el lenguaje es el más útil y el más sabio. Porque guarda todo”. Sí, te va a encantar la Bordelois)
Respecto al post…yo creo que a veces sí se puede escribir sin querer decir nada. O, mejor dicho: sin saber lo que se quiere decir. Ciertamente es algo que me sucede muy a menudo, para bien (mío) y para mal (tal vez, del resto) Existe de antaño esa tesis de que la poesía se logra mediante una especie de trance místico (hablando de liturgias y lo sagrado de la palabra y la palabra como compromiso de verdad, la palabra demiúrgica y…mejor lo dejo ahí ).
Yo creo que, como todas las cosas humanas, a veces a la letra le viene bien que metamos la cabeza, y a veces no. A veces las palabras se acomodan solas y decimos, ahí cuando menos lo esperamos, justo eso que no sabíamos cómo decir. Exactamente por eso: porque al no medirlas, no las limitamos. Y los puntos de luz tímida de la lengua se vuelven supernovas.
Digo, no sé…
En cualquier caso, un placer volver a leerte
Besos desde el otro lado del charco!
¿S UD. POETA DE VERDAD? ¿NO PUEDE SER QUE ESO QUE HA ESCRITO SEA TAMBIEN PLABRERÍA FÁCIL?