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Archive for 31 octubre 2007


“Por eso, querido señor, ame su soledad, soporte el dolor que le ocasiona; y que el son de su queja sea bello. Pues los que están cerca de usted están lejos, dice; y esto demuestra que se forma un ámbito en torno de usted. Y si su cercanía es lejana, entonces su ámbito ya linda con las estrellas y es casi infinito; regocíjese de su adelanto, en el cual, claro es, no puede llevar consigo a nadie, y sea bueno con los que se rezagan, y esté seguro usted y tranquilo ante ellos, y no los atormente con sus dudas y no los intimide con su confianza o su gozo que no podrían comprender. Procure cierto modo de comunión sencilla y leal con ellos, comunión que no debe cambiar necesariamente aun cuando usted mismo experimente sucesivas transformaciones; ame en ellos la vida bajo una forma extraña y sea indulgente con los hombres que envejecen, pues temen la soledad en que usted confía. (…)

Pero su soledad, aun en medio de muy inusitadas condiciones, le será sostén y hogar; y desde ella encontrará usted todos sus caminos”.

Estas palabras corresponden a la obra en prosa del poeta Rainer Maria Rilke (1875-1926), Cartas a un joven poeta, un espistolario a un interlocutor desconocido que parece ser el mismo Rilke de joven.

Descubro recientemente (¡qué curioso!) que Rilke fue amante de Lou Andreas-Salome, una mujer que también mantuvo intensas relaciones personales con otros dos grandes de la época: Nietzsche y Freud.  

Volcado en un cierto momento en la vida intelectual y bohemia de París, Rilke se siente fascinado por Cézanne y, por supuesto, por un Auguste Rodin de quien sería secretario entre 1905 y 1908, aunque se dice que la personalidad del escultor acabó avasallando al poeta.

Retales de su biografía aparte, diría que el párrafo que selecciono arriba no tiene desperdicio…: Redondo y perfecto en forma y contenido. El lenguaje y la cadencia son casi bíblicos. Rilke explica las delicias y las virtudes de la soledad fecunda y de la vida interior. Parece querer decirse a sí mismo, al joven que fue y a todos los demás, que no le tenga miedo a la soledad, que no tema al no encontrar interlocutores (“en su adelanto no puede llevar consigo a nadie”) o al encontrarlos rezagados. Esa distancia es un síntoma de que su viaje es valioso. Rilke sostiene que el camino de la excelencia y del deleite se realiza en solitario. Los interlocutores cercanos están, en realidad, lejos. E incluso no debe intentar acercarlos para no atormentarlos… Y sin embargo, tras esta consideración, calma la posible altivez, desconsideración o misantropía de sus palabras volviéndose al mundo y recomendando”una comunión sencilla y leal” con los semejantes, evitándoles sus cuitas e inquietudes que no a todo el mundo han de beneficiar necesariamente… Sin duda polémica reflexión. Certera. Interesante. 

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No contaba yo con los adelantos de la técnica… pero hace un rato, sin querer, descubrí cómo colocar imágenes en movimiento en esta pequeña moleskine… La verdad es que no lo echaba en falta, pero he de reconocer que hay fotogramas, escenas y cintas completas de la historia del cine -y de la música- que merece la pena ver cien veces. Benditas sean.

Para empezar, así a bocajarro, me ha venido a la cabeza la increible señora MacLaine derritiendo a Jack Lemmon en el inolvidable apartamento. El “Cheek to cheek” de Astaire que sigue teniendo la capacidad de transportarnos a un feliz mundo irreal. El tambor de Gene Krupa en “Sing, sing, sing” que hace levantar los pies del suelo. Y los “doce hombres sin piedad” que cuajaron uno de los mejores alardes de honrada persuasión de la historia -o casi-.

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El que se haya perfeccionado en el arte de olvidar y en el arte de recordar, podrá jugar a la pelota con la existencia entera.

Me gusta esta frase.

Kierkegaard dedica muchas páginas al recuerdo en “La rotación de los cultivos”.

Confiesa que el buen recuerdo es el recuerdo poético. Ese que llega cuando el dolor ha pasado y deja revivir a la imaginación con el corazón en calma y sonriente…

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Para conocer más sobre el autor es interesante la PÁGINA DE LA FUNDACIÓN EVARISTO VALLE

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carnavaladagrotesca.jpgEn la húmeda calma del barrio de Somió, a un paso del centro de Gijón, en una gran finca llamada “La Redonda” se encuentra la Fundación Evaristo Valle dedicada a albegar buena parte de la obra del sugerente artista asturiano que vivió entre 1873 y 1951.

El museo está rodeado de un gran jardín pulcramente cuidado en el que viejos castaños, arbustos y flores se mezclan con estatuas de artistas contemporáneos asturianos perfectamente integradas en el conjunto.

En el interior del palacete novecentista que hoy hace de museo, se exhiben más de un centenar de cuadros entre óleos, grabados, acuarelas con lápiz y simples dibujos en cuadernos de notas encontrando siempre en ellas el hilo conductor que subyace constante: la fuerte personalidad del autor, a caballo entre el costumbrismo y la crítica y la sátira social, impregnadas siempre del humor propio de un caricaturista.

 

Intensos colores a veces irreales y siempre muy expresivos, figuras cargadas de movimiento y fuerza, paisajes oníricos, caricaturas de sencillos trazos o minúsculos dibujos cargados de detalle, son en legado de un pintor y dibujante que observa las costumbres y caracteres de sus protagonistas, que mezcla a ratos la risa y la miseria humanas, que juega con los personajes a los que toca. A los que unas a veces retrata casi fiel y otras inventa.

Siempre mira y comprende. Ve, lúcido y acertado.

Valle consigue trasmitir las emociones que le produce la sociedad que observa: la del Gijón de principios del siglo pasado y la del París o Londres que conoció fugazmente. Canta a la vida, a los placeres, a los sueños. Muestra la embriaguez de la fiesta, o el dolor. Capta escenas cotidianas de la vida rural, conversaciones entre campesinos, charlas en las fuentes de los pueblos, brujas, aldeanos disfrazados, ancianas detenidas, ensimismadas, arlequines…Y sucede que incluso las obras en las que el contenido social es de mayor crudeza, pierden parte de su trágica realidad al ser tratadas con el guante blanco del humor.

En el interior del museo se conserva además una magnífica biblioteca por la que pasaron figuras de la talla de Ortega y en la que se  guardan interesantes recopilaciones de la Revista de Occidente. 

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