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Archive for 27 febrero 2008

Quiero…


No quiero usar los términos filosóficos,

no quiero decir -encadenados- “contingente” y “apriori”,

“necesario” y “esencia”,

quiero decir pájaro, paloma,

pies y dientes, abrigos y tabaco.

Carcajadas y no trascendentales.

Quiero que se junten las palabras fuertes con las suaves

para oir una batalla de campanas.

Quiero decir palabras que son cosas y sangre.

Y que los sabios aplaudan a los poetas. Ellos son los que son. Los que hacen falta.

Los que amanecen o truenan.

Quiero los términos filosóficos para no usarlos, para no decirlos,

para que, a veces, sujeten mis paredes

para poder levantar fortalezas amarillas

que no olviden que hay perros y que ladran

y que hay niños hambrientos

y también que hay amantes destrozados.

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Eterno


Fuiste el amor con creces, a mansalva,

amor a manos llenas, a paladas.

Fuiste amor  de derroche, inevitable,

tremendo, bravo, grave, enfurecido,

rabioso, incuestionable, desgarrado.

Tu amor no dejó hueco a lo liviano:

no había que pensárselo dos veces,

fue un amor de carreras, de animales,

de dos ciervos con grande cornamenta,

condenados a una lucha enrojecida,

brutal, magnífica, fecunda, malherida.

Fue tal amor, de no hay donde cogerlo,

de impulsos, de desgarros, de agonías,

de vida o muerte, de albero ensangrentado,

de amor a borbotones, hasta la bandera,

hasta el fin, hasta siempre, hasta donde imagines.

Más allá de las lógicas posibles.

Te quise con las venas, con las células,

con todos los ventrículos y aurículas,

te quise sorda, ciega, manca, muda,

te quise como un águila en picado.

No quise meditarlo, ni medirte,

ni templar, ni pesar, ni preguntarme,

no puse la muleta a tu embestida:

nos corneamos insolentes y contentos,

sin pizca de cuidados o de quiebros,

de frente, por derecho y en los medios.

Así fuiste, mi amor, de inevitable,

de primario, de animal, de rebosante,

pletórico, fecundo torbellino.

Y al final hemos quedado p’al arrastre, pero… lo hemos vivido.

El otro era sincero de palabras, de mimos, de cuidados, ¿de verdades?

Recomendable sendero delicado.

Y a ese otro…tampoco pude, mi amor, negarme.

Los compases latíannos despacio,

templadísima faena, casi fría.

De libro y de carril, de pulcritudes.

Así, mi amor, también fue inevitable.

Y fue cayendo como lluvia lenta,

forjándose del alfa hasta el omega,

irreprochable, correcto, acertadísimo…

Ante ese ¿amor? tampoco sé negarme.

Y antes. Y después. Hubo. Y vendrán otros.

De algunos sabré desapegarme,

a otros me atarán quién sabe inciertos hilos

que yo, mi amor, otra vez, vendré a contarte.

Y sigo siendo yo con cicatrices,

con las que me dejaste y me dejaron,

con tantas que vendrán sobre las que vinieron,

y yo,

mi amor,

lo sabes,

¡cómo no!

una vez más

vendré…

y volveré a contarte.

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“Hay un espectáculo más grande que el del mar, y es el del cielo; hay un espectáculo más grande que el del cielo, y es lo interior del alma.

Escribir el poema de la conciencia humana, aunque sea a propósito de un sólo hombre, a propósito del hombre más insignificante, sería unir, fundir todas las epopeyas en una sola grandiosa y completa. La conciencia es el caos de las quimeras, de las ambiciones, de las tentativas, el horno de los delirios, el antro de las ideas vergonzosas, el pandemónium de los sofismas, el campo de batalla de las pasiones. Si a ciertas horas penetráramos al través de la faz lívida de un ser humano que reflexiona; si mirásemos detrás de aquella faz, en aquella alma, en aquella oscuridad, descubriríamos bajo el silencio exterior, combates de gigantes como en Homero, peleas de dragones y de hidras, y nubes de fantasmas como en Milton; espirales visionarias como en Dante. No hay nada más sombrío que este infinito que lleva el hombre dentro de sí, y al cual refiere con desesperación su voluntad y las acciones de su vida.”

Es Hugo. Es Los miserables. Es la tempestad bajo el cráneo de Juan Valjean (o del señor Magdalena…)

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No sé a ustedes, a mí lo que me asusta esta noche es el miedo.

Pero encuentro que hay una manera más bonita de decirlo, se llama “micropoema de ajo número 1”:

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