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Archive for 3 abril 2008

Hombres grises


Maldito sea el hombre en el que no se den todas las contradicciones posibles. O en el que no se hayan dado nunca, en algún momento. Aunque de a pocos las resuelva y sobreviva. Maldito sea el hombre que no llora, que no pregunta, que no juega, que no se deja cambiar por el constante cambio.

Héteme aquí que he visto que existen en el mundo algunos hombres grises. Que no son ni así ni de la otra manera. Que no son verdes, ni azules, ni granates. Sino grises, solamente tan sumamente grises que resultan invisibles.

Suele ser habitual en tales hombres grises que puedan pasar años parapetados tras máscaras chillonas que les permiten pasear el universo. Con caretas de feroz rojo intenso o de impactante negro siniestro, o de irónico amarillo, o de límpido color azul del mar. Y así pasan meses. Y nadie los ve grises. Porque se enroscan en colores que no les pertenecen. Y así se engañan. Pero son grises de corazón parado, de cerbros en establos encerrados. De apatías vivientes sin anhelos. Y caminan con ojos y con brazos. Y respiran con sístoles y diástoles. Pero jamás suspiran, no jadean. No sollozan, nunca se estremecen. Están muertos, pero no lo saben.

Pero si alguien, inocente, los descubre, entonces se enfurecen. Y así, rabiosos tras ser descubiertos, es lo más cerca que pueden estar de la vida: cuando patalean. Y aún así, son de hojalata.

De vez en cuando aparece uno. O dos. Cuando me los cruzo, cuando los respiro, cuando me ahogan, sólo quiero cambiarme de acera.

Deberían llevar un letrero que alertara del sutil pero gran desasosiego que transmiten cuando están cerca.

Y hay hombres que no son grises. Demos gracias a los dioses. Nada más.

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