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Archive for the ‘Cine’ Category


Aquí va un regalito del señor Woody Allen en su deliciosa Midnight in Paris:

Para bailar dando vueltas, marearse un poco, ir más despacio, seguir dando vueltas y así sucesivamente tanto tiempo como sea necesario…

Es el BISTRO FADA- STEPHANE WREMBEL

AY!

Y otra más, esta para pararse y comprar algodón dulce en la feria…

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Otro pedacito que se puede ver cien veces. Simplemente geniales…pitillo incluido

PLAY IT LOUD!

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Está estos días en los periódicos una mujer de fuego. Una mujer de esas ante las cuales resultan irrisorias las habituales reivindicaciones feministas, paritarias o igualatrices. Se llamaba Camille Claudel y sólo tenía diecinueve años cuando conoció a Auguste Rodin quien en alguna carta la llama “mi feroz amiga” y a quien estuvo intensamente unida por el arte y por el amor. Fue una escultora revolucionaria y una joven apasionada.

Está en los papeles estos días porque una exposición en Madrid va a albergar parte de sus obras y tratar de rescatar su recuerdo. De devolverle su identidad, su personalidad que, de alguna manera quedó demasiado unida a la de su maestro y amante.

¿Cómo no temblar pensando en ese primer encuentro entre ellos en la  Academia Colarusi de París? Una joven hermosa, una valiente y despierta muchacha llena de talento que ve por primera vez a quien será para siempre el eje de su vida. Comenzaba para ella el torbellino de arte, pasión, creación y locura al lado de un artista volcánico. Camille se entregó a la vorágine trágica del laberinto del genio. Y perdió la batalla… La ganaron los celos (Camille se sintió siempre despechada ya que jamás consiguió la exclusividad en el amor de un Rodin que la compartía con la costurera Rose Beuret). También los celos artísticos de un Rodin que amaba, admiraba y protegía a su discípula, a la vez que temía su talento. El genio no podía soportar la idea de que la muchacha le hiciera sombra y evitó ayudarla demasiado en su carrera como escultora.

¡Es tan frecuente encontrar al amor intenso y a la pasión cogidos de la mano de la locura y de la tragedia! Los personajes fuertes son trágicos, complejos, turbios, tormentosos. Pero a la vez sugerentes y atractivos como el mejor de los venenos. Seducen, deleitan, embriagan y matan. Y es que ese amor al que canta Lope -“quien lo probó lo sabe”- esconde siempre la tentación de la locura. Quizá sea imposible no sucumbir a tan exquisito bocado.

Ella, Claudel, es una muestra: Rodin debió ofrecerle ese “veneno por licor süave”. Y ella probó. Bebió: Cuando quiso apartarlo era tarde. La ruptura inauguró, al parecer, uno de los mejores momentos artísticos de Claudel. Quizá ya liberada artísticamente, sus obras ganaron fuerza e independencia. Sus esculturas parecían librarse de la sombra de Rodin, sin embargo su espíritu no debió nunca conseguir la paz que quizá le robó el maestro. En una de las cartas que escribe desde el psiquiátrico en el que pasó los treinta últimos años de su vida confiesa: “Merecía algo más que esto”.

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No contaba yo con los adelantos de la técnica… pero hace un rato, sin querer, descubrí cómo colocar imágenes en movimiento en esta pequeña moleskine… La verdad es que no lo echaba en falta, pero he de reconocer que hay fotogramas, escenas y cintas completas de la historia del cine -y de la música- que merece la pena ver cien veces. Benditas sean.

Para empezar, así a bocajarro, me ha venido a la cabeza la increible señora MacLaine derritiendo a Jack Lemmon en el inolvidable apartamento. El “Cheek to cheek” de Astaire que sigue teniendo la capacidad de transportarnos a un feliz mundo irreal. El tambor de Gene Krupa en “Sing, sing, sing” que hace levantar los pies del suelo. Y los “doce hombres sin piedad” que cuajaron uno de los mejores alardes de honrada persuasión de la historia -o casi-.

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Un gran estudio psicológico, una asombrosa puesta en escena, un guión casi perfecto…y la música de Mozart hacen de Amadeus una producción redonda y magnífica. No hace falta ser un docto melómano para vibrar con las notas de los conciertos para piano o de La flauta mágica -excesivas para el emperador José II-, perfectamente entretejidas en la trama de la vida de un Mozart que en la cinta se me aparece quizás algo exagerado de superficialidad, aunque esa frivolidad remata perfectamente al personaje.

Tampoco es necesario ser un gran cineasta para vibrar con la exquisita sensibilidad con que se traza la trágica historia de amor-odio entre Salieri y Mozart. En resumen: ciento cincuenta y ocho minutos de derroche para los sentidos: para la vista, para el oído y…para ese sexto sentido que despierta cuando la emoción se agolpa en la garganta.

A pesar de ser una magnífica recreación histórica, la película gira en torno a la tardía confesión de Salieri, quien reconoce haber matado a Mozart. Cuestión que no tiene más valor que el de una superada anécdota histórica, si no fuera porque ha permitido hacer correr ríos de tinta acercaamadeus075.jpg de la muerte de Mozart que, hoy sabemos, fue debida a causas naturales.

Paradójicamente se podría llegar a decir que Amadeus tiene como protagonista a Salieri quien anciano y desmoronado en un manicomio, no sólo confiesa su inexistente crímen, sino que perfila con una exquisita sensibilidad las intensas y contradictorias pasiones que trajo consigo la cercanía del genio.

El Salieri de la cinta de Milos Forman es orgulloso, tiene una gran ambición musical y mantiene desde bien pequeño un personal “pulso” con Dios. Un dios al que no sólo le ruega y le confía, sino al que exige y recrimina. Porque sabe que le ha dado a Mozart el talento que le niega a él arrojándole al mundo de la mediocridad de la que al final de la cinta hace una magnífica oda mientras es conducido en sillas de ruedas por los pasillos repletos de locos encadenados del psiquiátrico. Salieri admira, ama y vibra con Mozart. Pero igualmente odia a Mozart.

Y lo más irritante no es el genio del músico austríaco, sino su nobleza. Salieri quiere tenerlo como enemigo, pero no lo logra, ni siquiera cuando quiere vengarse y matarlo: Mozart muere antes. Y, aunque disparatado en la película, juesrguista y algo patán, el genio rezuma en todo momento una frescura envidiable, una jovialidad contagiosa y un corazón de oro. Es imposible no rendirse a la música de Mozart ni tampoco a su escandalosamente intensa personalidad. Salieri lo sabe, lo adora, y eso le hace odiarlo aún más.

 ¿Qué decir de la música de Mozart? Lo suyo es escuharla y sentir la belleza. Pero no se puede obviar el magnífico trabajo de Forman a la hora de transmitir acertadísimamente el proceso de creación de una canción: Salieri le ayuda a terminar el Requiem una noche y así asistimos al nacimiento de la magia en la cabeza del genio y a su viaje directo a los pentagramas.

Suenan durante la cinta: El rapto del serrallo, Sinfonía nº 25, Misa Kyrie, Las bodas de FígaroDon Giovanni, La flauta mágica, Réquiem

Año: 1984

USA

Milos Forman dirige la película

F. Murray Abraham es Antonio Salieri

Tom Hulce es Mozart

Elizabeth Berridge es Constanze, la esposa de Mozart 

Jeffrey Jones es el emperador José II de Austria.

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Esta cinta de José Luis Cuerda se puede resumir en una gran carcajada del principio al final. Es una historia o una antihistoria sin principio ni final -aunque al fin amanezca (que no es poco)-.

Es absurda, surrealista, espontánea. Un completo sinsentido que esconde miles de guiños sólo aptos para españoles (o para quienes conozcan bien ciertas peculiaridades de la raza…) Un pueblo de personajes caóticos pero perfectamente verosímiles dentro del caos.

Es probable quedarse tarareando la canción del maestro rural “causa admiración como trabaja el corazón” levantando los brazos en una suerte de espiritual negro a la española.

En fin, una gozada absurda, eso es.

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El buen cine


Todas las buenas películas acaban de la misma forma: contigo fuera del cine pero sin encontrar la puerta por la que se entra a la calle.

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